He visto al cielo opacarse en una lágrima
tan de repente como tantos creían;
ha sido tantas veces dueña la lastima
Que de los pañuelos ríos fluían.
Mientas de aquellos brotan espinas
estos tratan, se contienen
tal ves si fueran llamas;
cesarían las que vienen.
Desiertos deseo unos parpados,
no anhelo una gota de vida.
Más de arena serian colmados
sentimientos y las heridas.
Angustias, esperanzas, sueños utópicos
capaces de cambiar a voluntad;
prescindiendo de efectos tóxicos
los que advierten calamidad
¿Mejor aire vendrá a mi bosque?
de secesos inesperados a rebosar
ojala me halle y toque
antes de mañana al despertar.
miércoles, 12 de enero de 2011
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